Elsurdelola's Blog

Kintun Paillaqueo, una mapuche que sobrevivió al terremoto

Posted in Actualidad en el sur, Personajes del sur by Lola Mendoza on marzo 13, 2010

Kintun Paillaqueo, Luz Cheuquel, Asistente Social y compañera del Doctorado, junto a la Machi Olivia Macata Tripainao durante una ceremonia de We Tripantü

En la madrugada del sábado 27 de Febrero, Haydeé Bravo Mayer se dispuso a cumplir con el plan que tenía programado para ese fin de semana: viajar hacia el sur de Chile, específicamente hacia Puerto Saavedra. Visitaría a la Machi Olivia Macaya Tripainao y se entrevistaría con varios lonkos de las comunidades, esto es: con sus “autoridades ancestrales”.

Desde el principio, y por alguna razón, presintió que en ese viaje, que usualmente dura ocho horas, todo estaba mal.

A mitad de camino, a eso de las 3 y 20 de la mañana, el autobús se detuvo en una bencinera a las afueras de un pueblo llamado Parral para que ocurriese el relevo del chofer. Pero luego de que el nuevo conductor asumiera el mando, el motor no  encendió.

Mientras este pequeño percance ocurría, algunos pasajeros bajaron para estirar las piernas. Hacía frío, así que Haydeé decidió quedarse dentro del colectivo. En breve, comenzó a sentir que el autobús se movía. -Como si algo lo empujara desde atrás hacia adelante, como si un gigante lo quisiera mover. Tan fuerte fue el movimiento, que el autobús cambió de posición.

Recuerda también que mientras intentaba mantenerse en pie, emergió un ruido ronco y ensordecedor.

Como si de una película se tratase, desde la posición en la que se encontraba, y a pesar del sacudón, podía ver cómo las personas, afuera, se abrazaban en grupos intentando sostenerse, pero caían al suelo y rodaban por él. También vio cómo volcó un camión de carga.

Cuando al fin -un minuto duró ese primer sismo de 8.8 grados en la escala de Richter- terminó el movimiento más fuerte, pudo salir del transporte. La tierra seguía meciéndose.

Quienes viajaban en el suyo y en otro autobús que también había parado en la estación, hablaban al mismo tiempo. Algunos querían volver a Santiago, ya que se encontraban a mitad de camino.

Gracias a la radio de un camión que se encontraba cerca de ellos, pudieron escuchar una emisora argentina en la que decían que el terremoto había sido grado 9, que un puente que estaba a mil metros de donde ellos se encontraban estaba caído, al igual que los postes de electricidad, y que la carretera estaba partida.

En algún momento pasaron algunos carabineros (policías chilenos) motorizados y les informaron que todos los puentes se habían derrumbado y que Parral estaba en el suelo. No había luz artificial, pero sí una buena luna que a todos permitía ver el entorno.

-Decidí que había que sobrevivir y,  dentro del caos que reinaba entre todos, tomé el mando. Lo primero, había que averiguar los recursos con los que contábamos: profesionales, espacio de resguardo para las réplicas, por ejemplo. Ya había detectado quiénes de los pasajeros eran mapuches,  o el número de niños y de adultos que nos acompañaban.

A Haydeé le pareció curioso que su celular siguiese funcionando. Se comunicó con su familia, quienes estaban bien. Luego de hacerlo se cayeron las comunicaciones.

Con todos de vuelta en el vehículo, el chofer sí pudo arrancar la máquina sin ningún problema. De haberlo logrado antes, habrían ido en carretera y probablemente caído con el puente o  volcado, como ocurrió con otros 4 autobuses.

Decidieron continuar el camino hacia el sur. A Bravo Mayer le pareció lo mejor: mientras se mantuviesen dentro de la unidad, la compañía debería cubrirlos con el seguro. Además, las noches son frías y era mejor dormir en el expreso que en el descampado.

A lo largo del viaje, podían ver a grupos de personas avanzando por los caminos con la mirada perdida arrastrando maletas y bultos.

Al llegar a “lo que quedó de puente”, evaluaron la situación: primero pasaron a pie y luego con la unidad. Cuando se encontraban con pasarelas caídas, calculaban si la altura permitía pasar al transporte.

Cada tanto encontraban funcionarios policiales que les hacían retroceder hacia algún pueblo por caminos alternos de tierra.

En una oportunidad, llegaron a un pueblo en cuyo terminal de pasajeros se agruparon tantos buses, que la concentración de personas sumaba alrededor de 5 mil. Sin agua, baños ni comida. Previendo lo que en medio de esa situación podía suceder se alejaron de ahí.

A algunos puentes, las grietas se las rellenaban, a manera de reparación provisional, con tierra que bajaban de camiones. Pero luego de que pasaban varios vehículos, gandolas y autobuses, volvían a caer.

El periplo, que duró más de 27 horas, parecía en espiral. Con avances y retrocesos que les permitían ver con horror las casas en el suelo, las grietas en la tierra, el dolor y la angustia de las personas.

-Sentía en mi cabeza el tun tun del kultrün, sabía que la Machi estaba haciendo llellipun, eso me daba fuerza, y podía mantener la unidad dentro del autobús. Llegué a las 11 de la noche a la penúltima parada hacia mi destino, 15 horas después. Desde ahí, tendría que subir 8 km. El chofer no quería dejarme en el  medio de la nada, pero tuve suerte. Justo en ese momento se detuvo una camioneta en el cruce, le hice señas y le pedí un aventón. El conductor me dijo que había visto que se había detenido el autobús, así que se quedó esperando para subirme. Eso sí me causó asombro.

Cuando Mayer al fin llegó al final de su camino, La Machi la estaba esperando con comida. Después de comer, durmió mientras la gente de la comunidad hacían rogativas.

-La tierra se mantuvo en movimiento todo el tiempo, pero ya en la comunidad todo es distinto. Todo es tranquilo, todos cumplen su rol,  lo principal es restablecer el equilibrio de la Tierra. No había luz, ni agua, ni comunicación con nada. Al caer la tarde se escuchaban los llamados del Kunkul, a lo lejos respondían de otras comunidades y empezaban las rogativas. Las trukas, las pifilkas y los kultrünes, acompañaban el canto de la Machi. Cuando se restablecieron las comunicaciones nos enteramos de las noticias de las ciudades y bajé a comprar pasajes de regreso. Esta vez el viaje duró 16 horas.

La comunidad mapuche, cuyo origen es motivo de discusiones aún, en Chile y en la actualidad viven principalmente en zonas rurales de lo que se conoce como la IX Región. También en la X Región y en la Región Metropolitana de Santiago.

Kintun Paillaqueo, junto a dos ñañas durante un mafun, ceremonia de matrimonio mapuche

Para Haydeé, en estos momentos de la humanidad, ser mapuche significa lo mismo que siempre: estar en equilibrio con todo lo que nos rodea, ser parte de ello, estar conectado con todo el entorno. Pero también, igual que antes, ser mapuche significa ser discriminado, estigmatizado, reprimido.

– Soy Mapuche y mi abuela paterna me crió cuando era pequeña. No llevamos el apellido que nos corresponde pues los curas en 1870 más o menos llegaron a Colmuyao/Caracol Rojo y procedieron a inscribir en un libro a todas las personas con nombres ‘cristianos’. En estos momentos estoy en proceso de cambiar mi nombre por el que me conocen en el mundo mapuche, que es el que me corresponde: Kintun Paillaqueo. Nosotros consideramos que no se es mapuche sólo por tener los apellidos mapuches, tampoco por tener cara de mapuche, casi con el kultrun pegado en la frente. O por vestirse con ropas tradicionales, o por conocer quiénes son sus ancestros. Somos mapuches porque nos autoidentificamos como tales: con la cultura, la espiritualidad. Y lo más importante, porque pensamos desde la matriz de pensamiento mapuche, porque nuestros pares nos reconocen como tales.

¿Cómo definirías tu labor dentro de la comunidad Mapuche?

-Yo no cumplo una labor en la comunidad Mapuche, yo soy Mapuche y como tal cumplo un rol dentro de la comunidad. No soy algo externo que hace trabajo voluntario. Soy parte de algo que es vivo y aporto de acuerdo a la manifestación de mi individualidad para el colectivo. Dentro de mis aportes lo principal es mi Newen/fuerza, la que se manifiesta en cuestiones espirituales que ayudan a la sanación, y al trabajo de la Machi. Dentro de la manifestación de mi individualidad también está mi formación como profesional, las herramientas aprendidas en la Universidad, las cuales no me convierten en más o menos importante que otro  lamngen/hermano.

Kintun es Asistente Social, graduada en la Universidad Central de Venezuela. Actualmente es estudiante del Doctorado de Investigaciones Interculturales de Latinoamérica de la Universidad de Valladolid y trabaja, desde hace 3 años, en un hospital de la Red Pública de Salud de Santiago, en el Departamento de Participación Social y Gestión Integral del Usuario. Trabajó con PRODEMU, el Programa de Desarrollo de la Mujer. -También vendí hierbas medicinales en la Plaza del pueblo de San José de Maipo.

En el mismo hospital, está involucrada con el Programa PESPI (Programa Especial de Salud de Pueblos Indígenas). -Es decir, salud intercultural.

En este momento en que Chile debe trabajar tan duro para levantarse, ¿cuentan con algún tipo de ayuda gubernamental? O,si ya la tienen, ¿seguirán contando con ella?

-Pertenecemos al Movimiento Autónomo Mapuche. No solicitamos ayuda gubernamental, porque el gobierno de los wingkas no es nuestro gobierno. Mucho menos es nuestro amigo. Nos roba, nos despoja de nuestro territorio, nos reprime, tortura a nuestros niños, asesina a nuestros weichafe/guerreros, los asesina por la espalda y sus asesinos no son castigados. No debemos pedirles nada. Ellos nos dividen entre Mapuches buenos, los que no reclaman, se portan bien y aceptan las limosnas que les entregan a través de proyectos, y nosotros, los Mapuches malos, que reclamamos nuestro territorio, nuestros derechos, no nos avasallamos ante nada ni nadie, los que somos libres, somos mapuches. Actualmente estamos recolectando alimentos no perecibles y ropas de invierno para nuestros hermanos. Todavía no encontramos cómo llevarlas a las comunidades. La ayuda oficial se ha repartido en tres grandes toletes: Hogar de Cristo, Caritas Chile y La Teletón. Esta ayuda llega a los grandes centros poblados pero no a las comunidades mapuches. Además, cuando llega, es repartida por las iglesias y políticos locales. De esa manera nuestras autoridades ancestrales quedan aún más en desventaja, pues no pueden dar una respuesta a los mapuches, mientras que las autoridades wingkas se crecen. Tratamos de revertir esa situación entregando lo recolectado nuestras autoridades para que ellas lo distribuyan.

Entre su vida en Santiago y su vida en el sur, esta mujer aguerrida recuerda cuando retornó a Chile y explica por qué escogió a El Maipo.

-Siguiendo mis peumas/sueños, sabía que debía asentarme en ese territorio, en el Cajón del Maipo. Ahí vivo en un terreno de 100 hectáreas recuperado. Los documentos están a mi nombre, pero no me siento “propietaria o dueña”. Sólo soy la persona a quien corresponde cuidarlo y defenderlo de los depredadores de los árboles nativos. Mi ruka es una modesta construcción de madera, las llamadas mediagua. No tengo agua potable y apenas hace 4 meses tengo luz eléctrica. No era necesario, antes bastaban las estrellas que como un río resplandecen sobre mi cabeza. Además, me acompaña la claridad de Küyen/luna.

La Machi calienta el kultrüny el resto comparten conocimiento durante la ceremonia de We Tripantü

Informacción adicional:

La ceremonia de We Tripantü festeja el Año Nuevo mapuche. Se celebra en junio. Significa: “cuando vuelve el Sol”, que es el momento del solsticio de invierno . La iglesia católica sobrepuso en esa fecha la Noche de San Juan. Todos los pueblos originarios saben que esa es la fecha que marca el inicio del ciclo anual.

Kintun Paillaqueo tenía un programa de radio. Lo financiaban entre ella y otra lamngen. – No pudimos seguir sosteniéndolo, aunque era muy bueno, me felicitaban mucho. La gente lo solicita.

Machi Juan Curaqueo durante la transmisión del programa radial WINGKUL, La cima del conocimiento


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