Elsurdelola's Blog

Notas frívolas sueltas en días de Mundial II

El sábado fue el primer partido de la selección argentina. Yo sabía que iba a emocionarme, pero no que ver a Diego Armando Maradona (que primero salió vestido sport y luego, hermoso, de traje, cosa que en parte agradezco a la gente de Un traje para Diego) en el campo me iba a desatar un desagüe incontenible por mis ojitos.

No se puede inventar, a los equipos se los siente o nada. Pura pasión, amor, es lo que me inspira la albiceleste. Muchos esperaban más, se quejan y blablabla, pero ese 1-0 para mí fue maravilloso. Maradona y su selección se estrenaron en el Mundial 2010 con un juego ganado. Listo, felicidad.

Mi amor por Maradona me sometió a uno que otro ataque de furia de varios tuiteros venezolanos. En parte los entiendo. Quien ha padecido vivir en la Venezuela de Chávez puede saber qué es la polarización. ¿Qué la Argentina está polarizada? No, queridos, que está en pañales frente a la violencia política que ambos bandos (oficialista y opositores) venecos manifiestan. Cualquier muestra de opinión libre que vaya en contra del criterio extremo de las dos “matrices de opinión” imperantes corre el riesgo de ser sometida al escarnio, a la retaliación, al “unfollow”. Casi que se es víctima de ostracismo por ir en contra de la “corriente”. De hecho, la mayoría de esta gente considera que quienes nos hemos regalado con mucho trabajo (o no, qué sé yo) la oportunidad de vivir fuera de aquel pandemónium -al parecer in crescendo sin fin-, perdimos el derecho a opinar (una locura que yo, obviamente, no tomo en cuenta).

Si digo que lo entiendo es porque cuando yo vivía allá y hasta un tiempo después de felizmente irme, asumía algunas de estas mismas actitudes. Al punto que yo fui otra de las que decidió darle la espalda al Diego en respuesta a su pública simpatía con el presidente venezolano.

Pero el fútbol es mágico. Y la distancia, sin duda, es sanadora. Así que opté por, además de todo lo que aquel gobierno me ha quitado, no dejarme expropiar mis afectos. Por Diego Maradona, en parte, amo y respeto al fútbol argentino. No me jodan. Es un grande, sin comparación con ningún otro en el mundo, aunque me moleste cuando es violento con las palabras. Lo banco a morir.

Además de los chistes simples y los juicios bananeros en relación con los problemas de adicción de Diego, estuvo presente el resentimiento. Venezuela nunca ha ido a un mundial de fútbol. Y, por otro lado, la Vino Tinto (como llaman al equipo nacional) hasta el momento no me ha hecho sentir el furor que vengo sintiendo desde niña por la albiceleste. Así que irle a la selección argentina casi me lleva al paredón (en serio, en aquel clima castrense violento, en cualquier momento los que nos atrevemos a pensar por nosotros propios seremos ejecutados en la Plaza Caracas, si es por parte del oficialismo, o en la Plaza Altamira, si es por parte de la oposición formal).

Podría George Romero inspirarse en aquello para una peli de zombies. Porque me los imagino a todos comiéndose a pedazos si siguen así. El tema está en la dificultad de parodiar a la parodia. Porque ya yo veo en estas actitudes a una mala parodia de alguna sociedad primitiva.

Yo tenía que celebrar el triunfo de mi selección, claro, así que un asadito en Calden del Soho -que, por muy cheto que suene, la verdad es que un lugar tranquilo, tipo clásico porteño en el que se come delicioso dentro de una de las más amables atenciones que se pueden conseguir en la ciudad y por unos precios que no son exagerados-  me ayudó a cumplir mi propósito. Y vino y vino y vino y vino. Y más vino.

Ayer llovía sin parar, pero nada me detuvo de pasar por una feria de diseño que me encanta (De Vanguardia Palermo), en la que busqué unas fabulosas calzas pintadas a mano, una divina remera con la Frida Kahlo de mis amores estampada y un vestidito negro al que le había montado el ojo hacía casi un mes (tuve suerte de conseguirlo, tan lindo, esperando por mí) y que yo insisto en que, una vez lo lleve puesto, me hará sentir como un personaje de Federico García Lorca.

Al llegar a casa, ya entrada la noche, comenzó mi atemporalidad. Luego de ver en TCM “Lo que el viento se llevó”, y llorar felizmente por enésima vez, caí en una especie de espacio vacío, no brookeano, sino más bien deleuzeano: en imprecisos círculos de memoria-tiempo.

Desde que comenzó el mundial se me ha dado por dormir en el sofá del living. No tengo tv en mi habitación. Debe ser por eso por lo que no estoy durmiendo muy bien. No sé cómo conseguí diferenciar el sueño del estar entredormida y finalmente descansar corrido. Pero, una vez que abrí los ojos a eso de las nueve y media de la mañana con la pretensión de ver el juego Serbia-Ghana, que al final nunca vi, me entregué a un ciclo de despertar/dormir que acabó cerca de las 2 de la tarde cuando se me ocurrió que sería bueno levantarme a comer algo, que no era otra cosa que un plato de pasta con salsa bolognesa (por aquello del espíritu de la tana que nunca fui).

[Serbia-Ghana, según Cancha Llena]

Fui a La Pharmacie. Primera vez que iba a este sitio. Acogedor, buena atención, precios re solidarios. Unos papardelle margarita (pasta artesanal al huevo más albahaca) con una deliciosa salsa bolognesa mataron con justicia mi antojo. Obvio que el vino no faltó.

El local tenía televisor, tema importante en días de Mundial, pero realmente el partido de Alemania-Australia no me animaba ni un poquito. La profesionalidad y trayectoria de los alemanes fue evidente y quedó reflejada en un marcador 4-0 frente a los australianos. Buen partido.

[Crónica Alemania-Australia, según Europa Press]

Luego de la comida (un plato abudante) me pedí una copa de lemoncello, pero el mozo no me entendió (quizás por mi indescifrable tonada latinoamericana :D)  y me trajo una copa de lemon-champagne que no devolví jajajajajajaja sino que bebí completa para, al final, repetir la orden y obtener mi deseo original.

Se me dio luego irme de shopping (y eso que no estoy en “mis días”) y terminé en un Zara.

Zara es un misterio: podés conseguir ropa divina y asequible y ropa tipo espantapájaros a precios exagerados. Como escribí en mi twitter: “a veces está buena para Sophia Coppola. A veces para Tim Burton”. Pero igual salí con un par de calzas (en realidad fui por ellas, compré unas el otro día y las recomiendo: de buen algodón, gruesas, resistentes, duraderas) y un saquito que quería desde hace un tiempito para ponérmelo sin bra/corpiño y sentirme sexy.

Y ya, eso fue todo. Odio que se acaben los días domingo. (Mientras escribo este post de la nada misma, en el canal Film&Arts transmiten la 64° edición de los Premios Tony.)

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